En estos días extraños, en los que todos hemos aprovechado para hacer algo de lo que teníamos aparcado por falta de tiempo, he hecho un ejercicio de introspección de cuáles han sido, a lo largo de mi vida profesional, las principales dificultades que he enfrentado como consecuencia de haber perseguido con determinación un objetivo de antemano complicado. Quienes me conocen saben de mi perfil eminentemente técnico y de cómo, pasados los años, todo aquello que he desarrollado se ha visto influenciado en mayor o menor medida por un enfoque técnico y, con toda probabilidad, excesivamente metódico.


Como quiera que a estas alturas resulta muy complicado deshacerse de viejas costumbres me dispuse a hacer una lista numerada, tabulada y ordenada de todo cuanto cambiaría si volviera a encaminar mi vida profesional por los mismos derroteros que cuando comencé. Constaté con estupor que todos mis viejos fantasmas, o al menos un porcentaje llamativamente alto, estaban relacionados con mi perfil técnico. Las principales dificultades, los mayores escalones a superar y la mayor parte de mis desvelos eran producto de las estructuras mentales creadas por mi “yo” profesional, por mi “yo” técnico. Increíble pero demoledoramente cierto.

Observando con detenimiento la lista, que ahora se había convertido en una relación de auto-reproches, comprobé que había una parte achacable a errores humanos y otra, algo más subjetiva, atribuible a factores divinos, eso sí, todos ellos me pertenecían, los había cometido yo y había aprendido entre poco y nada de esa experiencia ya que se fueron repitiendo a lo largo del tiempo de forma recurrente, hasta que decidí poner punto y final a alguno de ellos según iban surgiendo. En cualquier caso necesité demasiado tiempo para detectarlos y mucho más tiempo para ponerles punto y final, así que si al leer este post puedo evitar que cometas alguno de ellos, todos habremos ganado un poco.

Entre los errores más comunes achacables directamente a mi mentalidad como técnico encontré, principalmente, los siguientes:

a. No ofrezcas mejoras o características en el producto que nadie te está pidiendo. Esto es especialmente llamativo cuando estás involucrado en proyectos “abiertos” donde debes realizar adaptaciones para que tu cliente sienta el producto como suyo o debes diseñar el producto desde cero. He intentado entender por qué las personas con perfil técnico añadimos mejoras o características que nadie nos está pidiendo. Me debato entre si se trata de una aportación achacable al ego del técnico para demostrar que somos “muy buenos” y “muy profesionales” o si es algo que creemos poder convertir en un hecho diferencial para marcar nuestro territorio frente a otros técnicos que pudieran concurrir en el proyecto en el futuro. En cualquier caso es un error importante porque el presupuesto que tendrás seguirá siendo el mismo pero ahora tendrás que esforzarte más y asumir los problemas que surjan de algo que no tendría por qué estar en el proyecto inicial si no hubiera sido por ti.

b. Procura no trabajar con clientes sin formación técnica. Esta es una de las premisas que más problemas me ha generado durante años: Un cliente sin un conocimiento técnico o que no tenga alguien de confianza que pueda asesorarle puede ser un auténtico quebradero de cabeza ya que, aunque nunca aparece en las conversaciones de forma implícita, desconfía sistemáticamente de tus explicaciones al creer que intentas confundirlo entre datos y detalles técnicos. También es una fuente de problemas porque nunca comprenderá la complejidad de los procesos que estás realizando ni los tiempos que involucran estos procesos.
No asesores gratis, no vayas más allá de tus atribuciones y no aconsejes si no te están pagando por ello.
c. Cuidado con los clientes que vienen “rebotados” de otras empresas. Este es un problema muy difícil de atajar porque suelen cumplir también el punto ‘b’ de esta relación. Se han vuelto desconfiados con las personas con perfil técnico, andan escudriñando todo cuanto les dices (incluido el presupuesto) y se apresuran a comprobarlo todo en Google o con algún conocido o familiar cercano. Por alguna razón creen que todo cuanto no fueron capaces de exigirle a la/s otra/s empresa/s, con las que no llegaron a buen puerto, deben hacerlo contigo.

d. No asesores gratis, no vayas más allá de tus atribuciones y no aconsejes si no te están pagando por ello. A mi modo de ver es la más difícil de erradicar. Si eres una persona con un recorrido vital amplio y, en definitiva, has acumulado cierta experiencia profesional, si hay determinados temas sobre los que tienes una opinión formada y si sabes cómo funcionan sus actores y tienes claro qué harías y qué no harías, es probable que, de forma natural, se lo cuentes a quien quiera escucharte… mala idea. Tu cliente lo tomará como algo vinculante, como parte de tu responsabilidad y lo que es peor: no has sido remunerado por este hecho.

e. No aceptes proyectos con ideas geniales o con beneficios a futuro. De tarde en tarde y, con más frecuencia de la que fuera deseable, me llegan personas (que no clientes) que tienen en mente la idea definitiva que salvará a la humanidad o que será una innovación disruptiva mundial que generará millones de euros y que necesitan que tú pongas en marcha/diseñes/fabriques a cambio de participar en beneficios futuros. Generalmente también se cumplen los puntos ‘b’, ‘c’ y ‘d’ de este post, así que desea con todas tus fuerzas que, además, no sea alguien que te ha recomendado algún conocido con el que tienes buena amistad o se desatará la tormenta perfecta.

f. Una modificación en el proyecto o un proyecto a medida es un proceso de I+D. Un error importante es que tendemos a pensar que los procesos de I+D se realizan en espaciosas estancias blancas bien iluminadas y con ingenieros afanados entre dispositivos de ultimísima tecnología, pero no es así, al menos no exclusivamente. Un proceso de I+D puede ser considerado como tal siempre y cuando te obligue a enfrentarte a él por primera vez, sea un algoritmo, un diseño mecánico que nunca antes habías desarrollado o cualquier proceso nuevo para ti y que te obligue a buscar información, entenderla y plasmarla en tu proceso de diseño o producción. Esta explicación que acabo de escribir necesita unas pocas palabras en un par de líneas de este post, sin embargo, su ejecución requiere tiempo y dinero. No olvides repercutírselo a quien corresponda en su justa medida.
No olvides repercutírle tu I+D a quien corresponda en su justa medida.
g. El I+D es divertido pero es una fuente de retrasos, de gasto económico incontrolado y genera impaciencia en el cliente. Es importante comprender el punto ‘f’ pero no es menos importante medir el impacto de éste en ti y sobre todo, es imprescindible que te asegures que no concurren tus ganas de diversión en I+D con lo que expuse en el punto 'b' o de lo contrario tu existencia se tornará miserable e insostenible a partes iguales.

Si después de leer esta lista de los problemas que me han atormentado en mi experiencia vital como diseñador industrial te has sentido identificado con al menos 5 de estos 7 puntos… ¡¡Enhorabuena!!: No estás siendo envidiado por ninguna de las personas que han pasado por este post.


Comparte este post
2020-05-02 11:47:14
Tags: #Articulos

Posts relacionados